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Javier Daulte, la humildad de los grandes 13 diciembre, 2011


Lo prometido es deuda. A continuación dejo la entrevista con uno de los directores de teatro más talentosos de la Argentina. Espero comentarios.

Con una carrera vertiginosa y cuatro obras en la calle Corrientes, el director de teatro más solicitado del momento habló del éxito de Lluvia constante, Filosofía de vida, Espejos circulares y Baraka, además contó de qué modo alterna su vida entre los actores más prestigiosos del país, su vida en España y las salas alternativas.

Por José Medrano para Revista Clubs & Countries.
Foto de Fabrizio Coprez.

¿Cómo es tener tantas obras en cartel y que todas sean exitosas?
Es increíble. Este año se me presentó con muchísimo trabajo y cuando arranqué no sabía cómo iba a llegar a hacer todo lo que quería y la verdad que lo logré gracias a la complicidad de una producción fantástica como la de Pablo Kompel, ya que de cuatro proyectos, tres son del grupo La Plaza, que me cuidaron mucho y permitieron hacer todo de forma relajada. Además coincidió con que eran todos proyectos que yo tenía muchas ganas de hacer y eso le dio un costado muy estimulante a cada obra. Y si hay algo que me da mucha satisfacción es saber que son todas muy diferentes entre sí y eso también es muy valioso también a la hora de ensayar.

¿Qué te pasa cuando escuchás que es el “año Daulte”?
Es raro, lo que ocurre es que en estos últimos años ya venía trabajando con la misma intensidad, lo que pasa es que la mitad lo hacía en España. Entonces, aunque españoles y argentinos habían visto sólo la mitad de lo que hacía, yo estoy acostumbrado al ritmo. De todos modos fue un año muy especial, supongo que el hecho de que haya javier daulte “Como todo me costó mucho me tomo el éxito sin creérmela” tres obras mías en la calle Corrientes y el hecho de que Baraka también haya estado este año da la sensación de que es el año Daulte, pero para mí todos los años son el año Daulte (risas). De todas maneras este 2011 fue particularmente intenso porque además fueron desafíos muy interesantes, me tocó en casi todos los casos trabajar con actores con los que nunca había trabajado y con la mayoría de ellos tenía muchas ganas de hacerlo.

¿Tenés algún método de selección de actores?
Cuando tengo una obra sobre la mesa enseguida empiezo a pensar quiénes la pueden hacer, el tema de los castings es complicado y me acostumbré a un trabajo de mucha colaboración, por eso al pensar un elenco hay variables para la selección de actores que tienen que ver con un criterio de producción, según si el espectáculo se va a hacer en una sala importante o si va de miércoles a domingo, hay que ver cuáles son los elementos que hacen que ese espectáculo funcione. Con respecto a los actores siempre pienso en gente que tenga talento, que tenga ganas de trabajar, que no le dé lo mismo estar en ese proyecto o en cualquier otro y que pueda conformar un grupo no conflictivo. Además busco la calidad humana de las personas, porque para mí el trabajo es un placer y los ensayos no tienen que ser un padecimiento previo a la alegría de los aplausos, sino que tiene que ser siempre un placer.

Estás trabajando con grandes: Alfredo Alcón, Rodolfo Bebán, Rodrígo de la Serna y sigue la lista…
(Se ríe) Sí, la verdad que para mí es un orgullo y una satisfacción enorme poder estar con todos ellos y por supuesto que trabajar con Alfredo Alcón es un capítulo aparte porque tenía muchas ganas, porque es un grande y porque la experiencia de conocerlo fue hermosa. También fue un gran desafío pararse frente a Alfredo que sabe tanto, pero la verdad es que él, y siempre lo dice, necesita de un director. Él se ocupa de su arte y nos llevamos bárbaro, es una persona que escucha mucho. Hablo de Alfredo pero también me pasa con Rodolfo (Bebán) y Claudia (Lapacó). Con todos hay una disciplina y un acatamiento enorme. Supongo que habrán estado de acuerdo con lo que les decía, sino me lo hubieran cuestionado (risas).

¿Siempre pensás que en el trabajo tiene que haber más placer que culpas?
Yo me formé bajo un modelo en el que cuanto más sufrías, mejor era el arte y creo que no es así. Creo que uno tiene que trabajar sin descanso y cuestionarse, donde cabe también la angustia creativa, pero la clave para mí está en el placer. Ojo, no confundir el disfrute con liviandad o con frivolidad, es un disfrute complejo, profundo y artístico. ¿Cómo fue el camino hasta este 2011 y qué momentos son los que más recordás? En un punto yo siento que arranqué de muy chico y en otro que arranqué de muy grande. A los 14 años ya tenía un enamoramiento del teatro desde un lugar incierto, era un gran espectador de teatro y eso derivó en hacer actuación, después escribir y nunca pensar en dirigir (risas). De hecho la primera obra que escribí se estrenó en el año 97 (Criminal)y esto ocurre cuando yo tenía 33 años, y a partir de ahí no paré. Luego llegó la decisión de empezar a dirigir en el año 99. En 2000 empiezo a ir a España, donde me va muy bien y me empiezan a ofrecer trabajos, y ahí me entrené mucho en lo que acá sería el circuito comercial. A partir de ese rodeo es que me animo a ir a la calle Corrientes, que para los que hacemos teatro, y más para lo que venimos del espacio alternativo, es un fantasma sobre el cual caen enormes prejuicios. De todos modos tuve la rara suerte de no tener ese éxito a los veinte años, y como todo me costó mucho me puedo tomar el éxito sin creérmela.

¿Cómo fue el salto entre el teatro alternativo y la calle Corrientes?
Fue un salto que se produjo un poco sin que me diera cuenta. Yo estrené Estás ahí en 2005 en un teatro chico y recuerdo que me reprocharon no ir a la calle Corrientes. En Europa nadie dudó de que se tratara de una obra para un circuito comercial y finalmente llegué al teatro Broadway. Mi llegada a la calle Corrientes fue inocente porque ya había estrenado obras que eran comerciales. Luego en la televisión conocí a Jorge Marrale y a Darío Grandinetti, y cuando se planteó Baraka, Darío me propuso que la dirigiera y fue ahí que arranqué. Creo que Baraka legitimó mi presencia en Corrientes.

¿Cómo creés vos que ve la gente del teatro alternativo a la calle Corrientes?
Hay un gran prejuicio y a veces es peyorativo, pero la verdad es que muchas veces tienen razón, porque se hacen cosas muy malas, aunque también se hacen cosas muy malas en el teatro alternativo. Creo que ahora hay menos prejuicios y no es casual que en Corrientes estemos dirigiendo Daniel Veronese, Claudio Tolcachir y yo, o que haga televisión y no haya dejado el teatro alternativo. En mi primera llegada al teatro Broadway hicieron cuestionamientos como si estuviese traicionando algo. Creo que es cuestión de vencer prejuicios.

¿Creés que podés volver al teatro alternativo sin problemas?
Yo creo que en Buenos Aires el teatro alternativo no es una antesala del teatro comercial, son vasos comunicantes y todo convive muy bien. Varios directores que hoy están en la calle Corrientes también continúan haciendo sus experimentos de lenguaje teatral en los ámbitos adecuados. Yo no creo que nadie piense que una obra es mejor porque gane más plata o vaya más gente a verla. Hay proyectos para cada lugar y la adecuación de cada experiencia es fundamental para que los riesgos sean razonables. El riesgo es fundamental en el arte pero hay que conocerlos, sino es un suicidio.

¿Y cómo fue trabajar para la televisión?
La tele es un medio que siempre me gustó, no tanto porque yo la consuma, sino porque no dejo de reconocer que es un medio muy importante. Todos fuimos educados por mamá, papá y la tele, entonces a nadie le es demasiado ajena: hay mucha gente que jamás fue al teatro, pero nadie ha dejado de ver tele. Y la cuestión es que se dieron las circunstancias; si hice televisión el año pasado fue porque se dio la oportunidad de hacer algo que no se podía realizar en teatro. La pasé muy bien haciendo Para vestir santos y la verdad que encontré una muy buena relación con Adrián Suar, de hecho ahora estoy escribiendo nuevas cosas para el año que viene, y justamente eso es lo interesante: no voy a hacer teatro para la tele, voy a trabajar con un lenguaje diferente.

¿Por qué insistís en que el teatro y el arte no sirven para nada?
Yo devuelvo siempre esa pregunta: ¿para qué sirve el arte? Creo que el arte está en el terreno de lo subjetivo y en ese sentido declaro su inutilidad, me parece que la utilidad y la seriedad en el arte hacen que pierda su rasgo más distintivo que es el goce. El teatro es una celebración más que cualquier otra cosa, entonces la pregunta sería para qué sirven las celebraciones, y creo que lo que mejor hace el teatro es lograr el acontecimiento social: el ir al teatro, ya no importa lo que vas a ir a ver, aunque claro que es importante que esté bueno: el teatro es aquel lugar al que se va antes de ir a cenar. Es cierto que después uno piensa que dedica su vida entera, sus pensamientos y sus angustias a ser el bufón de la clase media, y la verdad que es así.

Sorprende que lo digas vos…
Es que yo no voy al teatro para ser más culto, sería de un esnobismo espantoso. Uno va al teatro a disfrutar. Ocurre que como la gente no ha leído los clásicos, cree que lo culto es difícil y aburrido. Yo creo que hay que trabajar con mucha responsabilidad en el arte, porque es un disfrute que luego se extiende al público que lo consume, y que sin dudas es algo que hace bien. De todas maneras yo no conozco en toda la historia del teatro una obra que haya cambiado una sociedad: nadie, nunca, jamás.

¿Es cierto que estás escribiendo una novela?
Estoy en ese proceso. No está por salir ni mucho menos, escribí mucho durante un tiempo, después la dejé y ahora la retomé. Se llama La amenaza y de algún modo es la historia de un grupo de personas a lo largo de algunos años, donde todo empieza con un hecho muy traumático y la idea que circula siempre es la de nuestra propia realidad, en donde siempre te preguntás qué es lo que va a pasar, siempre tenés miedo y nunca pasa nada. Es como lo que uno vive siempre en este país en donde siempre los panoramas son apocalípticos y las profecías nunca se cumplen. Es una cuestión casi cultural: siempre hay una amenaza, siempre está por pasar algo gravísimo y nunca pasa nada.

¿Cómo ven al teatro argentino en España?
Creo que el teatro argentino está muy bien visto en todo el mundo, en especial en España porque compartimos la lengua y se ha dado un ir y venir de compañías y actores. Creo que igual es en un solo sentido, no sé si los argentinos ven tan bien al teatro español. Ellos se asombran del sistema de producción que tenemos, no pueden creer que hagamos teatro porque queremos y no por plata. Allá nadie mueve un pelo sin plata y acá cualquiera sea la obra o el director, siempre se está en riesgo.

 

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